Pequeña ilusa.
Te dijo que te quería, se molestó en curarte todas y cada una de las heridas repartidas por tu corazón, te vistió con palabras bonitas y te desmontó a sonrisas.
Y ahora que se ha ido no puedes ni imaginar cuán feliz eras antes de conocerle, porque marcó un antes y un después a todos y cada uno de tus sentimientos, te dedicaste a él y a dejar que sus sonrisas se contagiaran, a esas noches de desvelar sentimientos y a esos días de pasear por las montañas sin rumbo fijo. Con él tus días eran más cortos y tus noches más productivas, aprendiste a desear lo que tenías y a querer todas y cada una de sus respiraciones. Era tu vida entera, tu sentido de razón, tus ganas de seguir con todo. No podías ni imaginar una vida sin su ceño fruncido, sin su mano izquierda sujetando la tuya y sin esos labios que sabían a cielo.
Fue todo tan repentino que no te dio tiempo a reaccionar, pasaste de ser su primer, segundo y tercer plato a ser un simple tentempié que no siempre se toma, de ser su todo a ser su casi nada, de que te llamara por las noches a no tener ni un simple pestañeo suyo con tu imagen.
Hace ya tanto tiempo de esto, han pasado tantas cosas. Lo que me sorprende es que no le hayas olvidado aún, que todavía cuentes los meses y los años, que te acuerdes de todas y cada una de sus palabras, que al cerrar los ojos veas sus sonrisas y sus gestos.
Fue una historia de amor digna de recordar, de las que se plasman en los mejores libros; pero no es tu historia, no lo fue. Tienes más que asumido que el amor no es infinito, que tal y como viene se va, que no sirve para nada más que atontar la mente. No, no estás enamorada; estás arrepentida de no haber tenido el adiós que nunca tuvisteis, de no poder borrar los puntos suspensivos y poner el punto y final, no has acabado el capítulo y mucho menos el libro.
No tengas falsas esperanzas, lo que tiene puntos suspensivos acaba por convertirse en punto y final.
Y ahora que se ha ido no puedes ni imaginar cuán feliz eras antes de conocerle, porque marcó un antes y un después a todos y cada uno de tus sentimientos, te dedicaste a él y a dejar que sus sonrisas se contagiaran, a esas noches de desvelar sentimientos y a esos días de pasear por las montañas sin rumbo fijo. Con él tus días eran más cortos y tus noches más productivas, aprendiste a desear lo que tenías y a querer todas y cada una de sus respiraciones. Era tu vida entera, tu sentido de razón, tus ganas de seguir con todo. No podías ni imaginar una vida sin su ceño fruncido, sin su mano izquierda sujetando la tuya y sin esos labios que sabían a cielo.
Fue todo tan repentino que no te dio tiempo a reaccionar, pasaste de ser su primer, segundo y tercer plato a ser un simple tentempié que no siempre se toma, de ser su todo a ser su casi nada, de que te llamara por las noches a no tener ni un simple pestañeo suyo con tu imagen.
Hace ya tanto tiempo de esto, han pasado tantas cosas. Lo que me sorprende es que no le hayas olvidado aún, que todavía cuentes los meses y los años, que te acuerdes de todas y cada una de sus palabras, que al cerrar los ojos veas sus sonrisas y sus gestos.
Fue una historia de amor digna de recordar, de las que se plasman en los mejores libros; pero no es tu historia, no lo fue. Tienes más que asumido que el amor no es infinito, que tal y como viene se va, que no sirve para nada más que atontar la mente. No, no estás enamorada; estás arrepentida de no haber tenido el adiós que nunca tuvisteis, de no poder borrar los puntos suspensivos y poner el punto y final, no has acabado el capítulo y mucho menos el libro.
No tengas falsas esperanzas, lo que tiene puntos suspensivos acaba por convertirse en punto y final.
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