Volar.

Y vuelas alto, tocas las nubes y sientes el aire frío rozando tus dedos. Te paras a contemplar el esplendor de estar arriba, de sentirte bien, de ser tu mismo. Sientes ese aire que realmente te hace sentir vivo, ese que tanto extrañas al estar abajo.
Y de repente vuelves a caer. Pero no cómo antes, no. Cada vez que caes de nuevo lo haces más. Caes y el agujero se hace más grande con cada caída, cada vez más difícil de salir, cada vez se necesita más esfuerzo para escapar.
Y te rindes, y lo dejas todo ir. Dejas de querer el aire frío que roza tus dedos, que te revuelve el pelo. Te acostumbras a estar abajo, con ese agobio insoportable pero familiar.



"El descenso seduce, cómo lo hizo el ascenso."

Comentarios

Entradas populares